Hijo, habrá gente que te rechace. Y dolerá.
A veces será por cosas absurdas:
cómo hablas, cómo vistes, cómo piensas.
Ni siquiera será por ti…
Sino por lo que el otro no ha resuelto en sí mismo.
Y aun así dolerá.
Porque a todos nos duele sentirnos fuera.
No vistos. No aceptados.
Pero ahí es donde empieza tu fuerza.
Cuando te rechacen, no te doblegues.
No te rebajes.
Y sobre todo: no te conviertas en alguien que no eres solo por encajar.
Cree en ti.
Incluso cuando no tengas pruebas, incluso cuando te tiemble la voz.
Porque hay momentos en los que no puedes echarte atrás.
Y cuando llegue uno de esos, yo estaré a tu lado.
No para evitarte el dolor…
Sino para que sepas que puedes atravesarlo sin perderte.