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La motivación es como una chispa: prende rápido… y se apaga igual de rápido. El propósito, en cambio, es el fuego que sigue ardiendo incluso cuando sopla el viento. Hijo, no pongas tu vida en manos de lo que “te apetezca” hacer. Busca un por qué que sea más grande que tus excusas. Con propósito, incluso los días grises tienen sentido. Te quiero hijo. Por siempre.