El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
Compras una planta. Los primeros días la riegas con cuidado, le hablas, la colocas al sol. Luego te acostumbras a verla ahí. Un día notas que está un poco mustia, pero piensas: “mañana la riego”. Y ese mañana llega tarde. Así también se marchitan los proyectos, los hábitos, las personas que quieres. No por falta de amor, sino por exceso de confianza. Lo que se descuida, se enfría. Lo que se atiende, florece. Y el riego más importante no es el del agua, sino el de la atención. Te quiero, hijo. Por siempre.