El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
El otro día, en una cafetería, un hombre enorme intentaba entrar. Empujaba la puerta con tanta fuerza que temí que la rompiera. Solo que… la puerta tenía un cartel que decía “TIRE”. Y ahí estaba: el músculo contra la dirección. Toda la fuerza del mundo, usada del modo equivocado. Lo miré y pensé: cuántas veces somos así. Confundimos poder con empuje, fuerza con agresión. Creemos que cuanto más apretamos, más conseguimos. Pero la verdadera fortaleza no está en apretar los puños, sino en saber cuándo abrir la mano. Ser fuerte no es imponerte. Es tener el control suficiente para no necesitar hacerlo. Te quiero, hijo. Por siempre