Hola cariño, soy papá
Hoy te quiero hablar del día que definí lo que, para mí, era la impaciencia, por si te sirve de algo.
Estábamos un día en el parque tranquilamente.
Normalmente estamos hasta que quieres hacer otra cosa o se acerque la hora de cenar.
El caso es que ese día, me “acordé” de que tenía que hacer algo en casa.
No recuerdo exactamente el qué, pero eso no es lo importante.
Lo importante es que mi estado cambió.
Me explico.
Pasé de estar tranquilo, viendo qué pasaba por ahí a no poder quedarme quieto, mirar constantemente la hora y tener la sensación de no querer estar ahí.
Entonces me dí cuenta que eso es la impaciencia
Es decir.
Son mis deseos de que lo que esté pasando ahora pase más rápido para poder hacer lo que sea que pienso que quiero o tengo hacer.
¿Lo bueno de esto?
Que una vez que le di nombre.
Que me di cuenta de qué pasaba
En ese momento pude empezar a trabajar en adaptarme
¿y cómo lo hice?
Bueno, aquí te voy a contar la conversación mental que tuve.
No funciona siempre, porque muchas veces no es solo eso.
Es otra cosa extra
Hay algo que crees que vas a conseguir
Bueno, que me despisto.
Me dije sí, tengo que hacer eso y ahora estoy aquí
Lo voy a apuntqar para que no se me olvide
Tengo tiempo más que suficiente para hacerlo cuando vuelva
Y, si por lo que sea, estoy tan cansado que no puedo
¿qué es lo peor que podría pasar si no lo hiciese?
Eso me suele ayudar.
Tu trabajo es darte cuenta de cuándo te empiezas a impacientar.
Del porqué
Y buscar lo que a ti te funcione
Te quiero hijo. Por siempre.