Cuando no sabemos qué historia contar

El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse

Te cuento una historia curiosa.

Unos investigadores hicieron un experimento con estudiantes universitarios.
Les plantearon la siguiente situación:

Acabas de terminar un examen muy difícil.
Estás agotado.
Y no sabes si has aprobado o suspendido.

Justo en ese momento aparece una oferta:
un viaje muy barato a Hawái.


Pero hay un problema.
La oferta termina mañana.

Existe una pequeña solución:
puedes pagar cinco dólares para reservar tu plaza y decidir más tarde, cuando sepas la nota.

Entonces separaron a los estudiantes en tres grupos.

Al primero le dijeron que había aprobado.
Al segundo que había suspendido.
Y al tercero no le dijeron nada todavía.

¿Sabes qué pasó?

Los que sabían que habían aprobado, en su mayoría, compraron el viaje.
Decían: “Me lo merezco.”

Los que sabían que habían suspendido, también lo compraban.
Decían: “Necesito despejarme.”

Pero los que no sabían la nota…preferían pagar los cinco dólares para esperar.


Y eso es curioso.

Porque tanto si aprobaban como si suspendían,
en ambos casos "iban" a ir a Hawái.
La decisión final era la misma.

Pero todavía no tenían una historia para contarse.

Si apruebo → celebro.
Si suspendo → me consuelo.


La mente se bloquea cuando no tiene una explicación clara para lo que hace.
Así que prefiere esperar.

Los investigadores llamaron a esto el efecto disyunción.
Y enseña algo importante.


Las personas no solo toman decisiones por el resultado.
También necesitan una razón que tenga sentido para ellas.

Tienes que saber cómo explicártelo a ti mismo.

Te quiero hijo. Por siempre.
Scroll al inicio