Hola cariño, soy papá
Hoy te quiero contar una historia budista no muy conocida, profunda y difícil de interiorizar, por si te sirve.
Una muñeca de sal iba andando por el campo hasta que se topó con el mar.
Era la primera vez que lo veía así que le preguntó: “¿quién eres?” a lo que el mar le respondió: entra y compruébalo por ti misma.
La muñeca se metió dentro y comenzó a disolverse y justo, cuando estaba apunto de desaparecer dijo: ahora sé quién soy.
Hay muchas cosas para darle vuelta a esta historia.
La muñeca de sal representa la búsqueda de identidad y comprensión de uno mismo.
Su viaje hacia el mar simboliza el proceso de exploración personal y el deseo de entender su lugar en el mundo.
La respuesta del mar, instando a la muñeca a descubrir por sí misma quién es, sugiere que el autoconocimiento a menudo requiere experiencia directa, no solo conocimiento teórico o consejos de otros.
La disolución de la muñeca en el mar simboliza la naturaleza efímera de la existencia y cómo las experiencias pueden transformarnos fundamentalmente. Aunque la muñeca se disuelve, su comprensión final («ya sé quién soy») implica una realización o iluminación que trasciende su forma física.
Y por último la muñeca sacrifica su existencia física para ganar conocimiento. Esto refleja la idea de que a veces, para ganar comprensión o iluminación, se deben hacer sacrificios significativos.
O puede verse también como una metáfora de la unión con un todo más grande o con lo absoluto. En el momento de su disolución, la muñeca ya no es una entidad separada, sino que se ha fundido con el vasto e incomprensible mar, que podría simbolizar el universo, la conciencia colectiva, o un estado de iluminación espiritual.
O que solo con una verdadera entrega hallamos nuestra entrega
O simplemente le doy demasiadas vueltas a las cosas y es una muñeca que se mete al agua
Te quiero hijo. Por siempre.