El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
Hola cariño, soy papá Cuando alguien hace algo mal, es fácil caer en el juicio: “Es una mala persona”. “Se merece un castigo”. Y a veces, sí, hay que poner límites. Pero otras veces, si te fijas bien, verás algo distinto. Verás a alguien que no sabe hacerlo mejor. Alguien que está sufriendo. Que no tiene herramientas. Que repite lo que vivió. Que actúa desde el dolor. Y entonces ya no quieres castigar. Quieres corregir. Ayudar. Comprender. No es lo mismo decir: “Te odio por lo que haces”, que decir: “Esto no está bien, pero entiendo de dónde viene”. Cuando te das cuenta del sufrimiento de los demás, tu dureza disminuye. Tu comprensión aumenta. Y tu forma de actuar cambia. No se trata de justificar lo injustificable. Se trata de mirar más allá. Porque corregir construye. Castigar, muchas veces, solo rompe. Te quiero hijo. Por siempre.