El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
No siempre te van a decir cosas bonitas. Y no siempre vas a poder evitarlo. Habrá días en los que alguien te diga algo para pincharte, para verte enfadarte, para comprobar si puede manejarte con palabras. Cuando eso pase, tienes tres opciones: Si te enfadas o insultas de vuelta, le das justo lo que quiere. Si te callas y te vas, también le das poder, aunque no lo parezca. Por eso hoy quiero que pruebes otra cosa. Cuando alguien te diga algo que no te guste, míralo tranquilo y di simplemente: “¿Y qué?” No te justifiques. No expliques. No ataques. Ese “¿y qué?” no significa que tenga razón. Significa que aunque lo dijera mil veces, no manda sobre ti. No niegas lo que ha dicho. No entras en su juego. Y, sobre todo, no te mueves de donde estás. La mayoría de la gente que provoca no sabe qué hacer cuando no le devuelven ni miedo ni rabia. Ahí es cuando se aburren. Y cuando se aburren, buscan a otro. No es magia. No funciona siempre a la primera. Pero es una herramienta. Y las herramientas no sirven para que nunca te pase nada, sirven para que, cuando pase, no te rompa por dentro. Guárdala. La vas a usar más de una vez. Te quiero hijo. Por siempre