El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
Salí de casa con prisa, como siempre que llego tarde. Me tropecé con la puerta. Luego con la alfombrilla. Luego busqué las llaves… que estaban en mi mano. Ahí entendí que no era mala suerte. Era yo. Mis prisas me convierten en mi propio obstáculo. Hijo, recuerda esto: ir más rápido no te acerca antes. Te estorba. Lo que te hace avanzar es la claridad, no la velocidad. Te quiero, hijo. Por siempre.