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Hijo, te voy a contar algo que vi en una cafetería. El dueño tenía un pastel famoso en el barrio. La gente lo pedía tanto que un día decidió hacerlo todos los días, en grandes cantidades. Al principio parecía una buena idea. Pero con el tiempo… dejó de venderse. Ya no había prisa por probarlo. Total, mañana también estaría ahí. A veces, lo que hace valioso algo no es lo que es… sino que no está siempre disponible. Cuando parece que lo puedes perder, lo cuidas más, lo disfrutas más. En la vida, si quieres que algo sea valorado, no lo entregues sin límites. Ni tu tiempo, ni tu energía, ni tu compañía. Porque cuando lo das como si fuera infinito, el otro empieza a creer que lo es. Y entonces… deja de verlo como algo especial. Te quiero hijo. Por siempre.