¡Jod*r Álex!

Hola cariño, soy papá

Hoy te traigo una vivencia para que veas el poder de la ira y por qué es la principal emoción aflictiva de la que tienes que cuidarte.

Te pongo en contexto.

Un día de madrugada, uno de muchos, te despertaste y empezaste a gruñir y a gruñir.

El caso es que, tras muchos gruñidos, por fin dijiste lo que querías.

Que querías agua.

Y yo te dije, muy cansado, está en la mesa.

Nosotros dormimos en el tatami, en el suelo, y la mesa está pegada a uno de los lados.

El caso es que fuiste y, después de beber se te cayó el resto del vaso sobre el tatami.

Y yo solté:

¡Jod*r Álex!

Está claro que te diste cuenta de la situación, porque en seguida dijiste:

Perdóname, perdóname papá.

Y ojalá me hubiese bastado para frenar pero yo ya iba cuesta abajo y sin frenos

¿Y cómo sucedió esto?

Por un lado está lo que yo quería que pasase, que te bebieses el agua, te volvieses a acostar y me dejases dormir.

Y por el otro la realidad, que ahora nos tendríamos que levantar, quitar las sábanas, colgar el futón para que se secase y no mojase el tatami e irnos a otra cama.

Y, como puedes ver, la diferencia es muy grande.

¿Y qué puedes aprender de esto?

Que, en realidad, una vez explotas ya has perdido.

Viene de antes.

En algún momento vas perdiendo la paciencia.

Quieres que suceda algo, como que te calles y me dejes dormir

Y eso no sucede

Y no solo no sucede, sino que se van sumando cosas

Que si ahora quieres agua y yo quiero dormir

Que si se te cae y yo quiero dormir

Que si hay que quitar las sábanas y yo quiero dormir

Que si el futón y yo quiero dormir

Que si a ver si se te ha mojado el pijama y yo quiero dormir

Que si a otra cama y yo solo quiero dormir

Y al final explotas por cualquier tontería

Y lo peor viene después, porque la ira crea una herida muy grande en muy poco tiempo.

¿Y cómo evitarlo?

Pues te voy a contar lo que a mí mejor me funciona

Al primer indicio de impaciencia corto el runrún de mi mente

Yo uso la respiración, me lleno bien los pulmones y suelto todo lo que hay

Hasta que no quede nada

Las veces que me haga falta

¿Funciona?

Sí, el 100%, pero porque esta pregunta no es importante

Porque yo ya soy consciente de que me estoy impacientando

La pregunta importante es cómo saber cuándo te estás impacientando

Y eso solo lo puedes contestar tú

Quizás empieces a mirar mucho la hora o el móvil

Quizás empieces a tamborilear con los dedos

Escúchate, siente tu cuerpo, que él te habla, solo que muchas veces estamos a otra cosa

Te quiero hijo. Por siempre.

Algo raro ha sucedido. Por favor inténtalo de nuevo.
¡Bienvenido!

Consejos (NO solicitados) de un padre a su hijo Alejandro…

Por cierto, tengo una newsletter …


En ella escribo un email diario donde cuento historias, anécdotas, algún que otro aforismo (ya sabes, esas frases tan chulas que podrías hacer camisetas o tazas)

y recomiendo cosas.


¿Y para qué te puede servir todo eso?

Pues, principalmente, para que aprendas a pararte.


Párate,observa y reflexiona.

Este será tu momento.

Un momento que te regalas, porque te quieres mucho.



No te preocupes,que el mundo seguirá dando vueltas cuando hayas acabado.


Te puedes apuntar dejando tu email en la caja de ahí abajo.

Te puedes dar de baja siempre que quieras.


Además te envío un archivo con las dos preguntas que, si te las haces constantemente, te ayudarán a tomar mejores decisiones.


No buenas decisiones.


Sino mejores decisiones.


¿Y lo mejor? 


que no se me han ocurrido a mí.


Se le ocurrieron a Epicteto, un gran filósofo estoico.

Y si han funcionado durante dos mil y pico años a miles y miles de personas.


Raro es que no te funcionen a ti…


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