El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
Hola cariño, soy papá Hay gestos que parecen pequeños… pero que dicen mucho más que las palabras. Uno de ellos: mantener la mirada. No hablo de mirar como desafío. Ni como quien quiere imponer. Sino como quien no tiene miedo a estar presente. A dejarse ver. Porque eso es lo que da miedo: ser visto. Y ver al otro de verdad. Bajar la mirada es humano. A veces es respeto. A veces es vergüenza. A veces es miedo. Pero si aprendes a aguantarla, si logras quedarte ahí, aunque tiemble un poco la voz, aunque no sepas bien qué hacer con tus manos… Eso es fuerza. Fuerza tranquila. Fuerza que no empuja, pero tampoco huye. Fuerza que dice: “Estoy aquí. No tengo nada que esconder.” Cuando alguien te hable, míralo. Cuando te equivoques, también. Cuando tengas miedo, sobre todo. No para ganar. Sino para no huir. Te quiero hijo. Por siempre.