No esperes el milagro. Sé el milagro

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Hola cariño, soy papá

A veces confundimos esperanza con esperar.

Creemos que tener esperanza es confiar…
pero muchas veces es solo un disfraz bonito para la pasividad.
Una manera de decir: “Ojalá algo pase. Ojalá alguien venga. Ojalá la vida me rescate.”

¿Sabes cuál es el problema?

Que mientras esperas que el milagro ocurra…
no estás siendo parte de él.

Yo he estado ahí.
He deseado que me eligieran.
Que alguien me tendiera la mano.
Que el problema desapareciera solo.

Y mientras tanto… nada cambiaba.
Porque seguía quieto.

La verdadera esperanza no es pasiva.
Es un impulso a moverte, incluso cuando no ves el final.
Es decirte: “Aunque no sepa cómo saldré de esta, empiezo a andar.”

Porque si caminas lo suficiente,
la ayuda aparece.
Pero no como esperabas.
Ni cuando querías.

No esperes a que algo cambie.
Cambia tú primero.

Esa es la única esperanza que funciona.
La que no se sienta a mirar por la ventana,
sino la que sale a buscar, aún con miedo.

Te quiero hijo. Por siempre.
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