Hola cariño, soy papá
Hoy te quiero contar algo que me pasó hace mucho tiempo que puede que te interese.
Hace mucho tiempo, antes de la época de los móviles, volviendo a casa en coche muy de madrugada y muy cansado me paré en un semáforo y a mi lado se paró un camión.
Hasta aquí pues todo normal.
El caso es que oigo unas voces en un idioma que creo que es italiano procedentes del camión.
Me asomo y el camionero tenía medio cuerpo fuera mientras me voceaba cosas en italiano.
Entre ellas distinguí Barcelona
Y yo pregunté ¿Barcelona?
Y el me dijo sí sí sí, Barcelona
El hombre parecía que estaba en un aprieto
Y yo pensé buf
A ver cómo le explico yo a este señor cómo ir a la autovía
No me va a entender
Es tardísimo
Estoy reventado
Yo solo quiero irme a mi casa
Al final le hice señas para que me siguiera
Yo con mi coche delante y él detrás con su camión, hasta que encontré la entrada a la autovía y se lo indiqué.
El italiano, con medio cuerpo fuera mientras se metía en la autovía me lanzaba besos y saludaba.
Y es que, siempre que tengas la oportunidad de hacer el bien, hazlo.
Sé que en ese momento te parece caro.
No te apetece.
Es complicado.
Mil excusas.
Pero mira esta historia.
Muy simple.
¿Qué habría yo ganado desentendiéndome?
¿llegar a casa 10 minutos antes?
¿15 minutos antes?
Y luego toda la comida de cabeza reprochándome que le podría haber ayudado, que si habrá encontrado él solo el camino
Comida de olla asegurada
Y no un día
Muchos
A lo largo de toda tu vida
¿y qué gané a cambio?
Una sensación maravillosa.
La de haber podido ayudar a alguien que lo necesitaba.
Así que sí, vendrán excusas.
Pero tú hazlo.
Te quiero hijo. Por siempre.