El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
Hijo, imagina que un amigo te acusa de algo que no hiciste. La reacción más común sería explicar, justificarte, demostrar que no es verdad. Pero hay veces en que la mejor respuesta… es ninguna. Lo aprendí de un viejo entrenador que tenía. Un día, alguien lo criticó fuerte delante de todos. Él escuchó, sonrió y dijo: “Gracias por tu opinión.” Y siguió con lo suyo. No era orgullo. Era inteligencia. Entendía que algunas críticas no vienen para mejorar nada… sino para arrastrarte a su terreno. En la vida, hijo, aprende a distinguir entre quien quiere entenderte y quien solo quiere discutir. Con el primero, habla. Con el segundo, sonríe y sigue. Te quiero hijo. Por siempre.