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Cuando estás nervioso, entre otras cosas, la respiración se desordena. Y el cuerpo lo nota. No sabe cuándo llega la siguiente bocanada. Y eso genera más tensión. Hay un truco muy sencillo. Repetir una palabra. La que sea. Por ejemplo: panda… panda… panda… panda… Al hacerlo, sin darte cuenta, marcas un ritmo. Y la respiración se vuelve regular. Y eso ayuda al cuerpo a calmarse Te quiero hijo. Por siempre.