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Me he dado cuenta de algo raro. Cuando alguien me hace daño, el que se siente culpable soy yo. El runrún aparece rápido: “Me lo merezco.” “Seguro que es por algo.” “He hecho algo mal.” Prefiero culparte antes que señalar fuera. ¿Por qué? Porque culparme me da una falsa sensación de control. La próxima vez que pase, párate. Y pregúntate algo simple: ¿Esto es mío… o no? No todo lo que duele te pertenece. Te quiero hijo. Por siempre.