El día que la tecnología me humilló (otra vez)

El día que la tecnología me humilló (otra vez)

Intenté ajustar un altavoz inteligente. Le hablaba y no respondía. Repetí el comando. Nada. Le hablé más alto. Silencio. Al final dije:
“Perfecto, ni mi hijo me ignora tan bien.”

En ese momento descubrí que no estaba conectado.
Es decir: me estaba enfadando con una caja.
Una caja… que tenía razón para ignorarme.


no des por hecho que el problema está fuera. A veces el fallo eres tú… o el cable. Pero empezar culpando al mundo suele ser la peor estrategia.

Te quiero, hijo. Por siempre.

Scroll al inicio