El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
Hijo, conocí a un pintor que no vendía todos sus cuadros. Guardaba algunos para exposiciones especiales, aunque hubiera gente dispuesta a pagar más por ellos. Le pregunté por qué. Me dijo: “Porque no pinto para venderlo todo, pinto para que haya algo que solo unos pocos puedan ver.” Lo entendí después: lo que se da a todos pierde un poco de su magia. No se trata de cerrarte al mundo, sino de proteger lo que para ti es valioso. Tu tiempo, tus ideas, tu trabajo… no tienen que ser de acceso libre. Cuando eliges bien quién accede, aumentas su valor para ti y para ellos. Te quiero hijo. Por siempre.