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Hijo, de pequeño vendíamos rifas Muchas rifas Lo hacíamos para financiarnos No sé si eso se sigue haciendo El caso es que recuerdo un señor al que le expliqué tres veces de qué se trataba, por qué valía la pena, y tal No quiso. Minutos después, otra persona me compró dos sin preguntar nada. Ese día entendí que no todos son para ti, y tú no eres para todos. A veces insistir no es perseverancia… es pérdida de tiempo. Dedica tu energía a quien ya tiene una puerta abierta. No golpees hasta romperla: si no quieren abrir, aunque entres, no querrán que estés ahí. Te quiero hijo. Por siempre.