El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
Algo tienen en común las veces que no me he impuesto que no me he defendido O no he dicho lo que pensaba Y esa cosa es el miedo. Miedo a la respuesta del otro. Miedo a no saber qué decir después. Miedo a decepcionar. Es decir El miedo a que cambien la imagen que tienen de ti. Y eso solo pasa cuando colocas algo importante fuera de ti. Tu identidad. Cuando eso depende de cómo te valoran los demás, cada conversación se convierte en un riesgo. Porque ya no estás defendiendo una idea. Estás defendiendo quién eres. Y, en el fondo, siempre habrá alguien que no esté de acuerdo. Siempre. Y la solución no pasa por convencer Sino por dejar de necesitarlo. Te quiero hijo. Por siempre.