El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
Un día decidí trabajar “concentrado”. Lo digo entre comillas porque cada diez minutos miraba el móvil. A veces sin motivo. A veces por deporte. Me convencí de que “solo era un segundo”. Pero sumas segundos… y te salen horas. Así que lo metí en otra habitación. De repente, trabajé. Como si fuese una persona funcional. Un milagro, sin intervención divina. Hijo, aprende esto: no siempre necesitas más disciplina; a veces basta con quitarte del medio el objeto que te sabotea. Te quiero, hijo. Por siempre.