El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse
Hijo, imagina a alguien que presume de algo durante años. Lo enseña, lo cuida, lo convierte en parte de su identidad. Y un día… se rompe. Pánico. Drama. “Esto ya no sirve”. Llamas a todos los expertos. Todos coinciden: acabado. A la basura. Hasta que aparece alguien que no intenta “arreglarlo”, sino mirarlo distinto. No tapa la grieta. La usa. Y de repente, lo que estaba roto ahora es lo único que merece ser mirado. Aquí va lo incómodo: Muchos pasan la vida intentando ocultar sus grietas, como si no existieran. Otros las convierten en excusa. Y muy pocos hacen lo tercero: trabajar con ellas. No todo lo imperfecto es un defecto. A veces es la parte que te hace irrepetible. Te quiero hijo. Por siempre.