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Hay días en los que todo sale perfecto. Luego están los normales. Y luego están esos días que parecen diseñados por alguien con sentido del humor oscuro. Recuerdo uno: quería hacer ejercicio y justo se estropeó la máquina. Quise trabajar y el WiFi decidió tomarse vacaciones. Quise meditar y acabé haciendo mentalmente la lista del súper. Antes lo veía como señales del universo para rendirme. Hoy lo veo como la manera que tiene la vida de decirte: “Oye, espabila”. Los días difíciles no vienen a fastidiarte. Vienen a sacarte de piloto automático. Aunque reconozco que lo entiendo siempre después, nunca antes. Te quiero hijo. Por siempre