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Hay un refrán chino que dice algo así como: Es mejor ser huésped que anfitrión. Es mejor retroceder un paso que avanzar una pulgada. La primera vez que lo leí pensé que era una invitación a la pasividad. A no tomar iniciativa. A quedarse pequeño. Luego me di cuenta de que iba justo de lo contrario. Ser anfitrión es querer controlar la casa. Decidir cómo deben comportarse los demás. Cómo deberían ser las cosas. Y, sobre todo, frustrarte cuando no lo son. Ser huésped es entrar con respeto. Observar primero. Entender el terreno antes de mover ficha. Retroceder un paso no es huir. Es ganar perspectiva. Evitar el avance torpe que luego cuesta diez pasos deshacer. Muchas veces avanzar “un poco más” es puro ego: quieres demostrar, imponer, acelerar. Y acabas rompiendo algo que aún no entendías. Hijo, no siempre gana el que empuja. A veces gana el que espera, mira y elige bien cuándo avanzar. Te quiero hijo. Por siempre