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Cuando alguien te trata mal, lidias con dos guerras distintas. La primera guerra es interna. No la negocies. Sentirte una víctima es ceder terreno. Perdonar por dentro no es un regalo para el otro, es una limpieza para ti. La segunda guerra es externa. Aquí se gestiona, se negocia y se ponen límites. Puedes haber perdonado internamente y, aun así, mantener una distancia gélida por fuera. El perdón es tu paz; la distancia es la lección que el otro necesita. Te quiero hijo. Por siempre.