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La mayoría de los problemas no empiezan grandes. Empiezan pequeños. Como una piedra en el zapato. No dices nada. Luego molesta más. Luego ya te duele. Y cuando hablas… la lías. Eso no es madurez. Es acumulación. Los límites no se ponen cuando estás harto. Se ponen cuando algo empieza a incomodarte. Te quiero hijo. Por siempre