El día que me sentí “aliviado”… y era una trampa

El texto dentro de este bloque mantendrá su espaciado original al publicarse

Había una tarea que me daba pereza solo de pensarla.
Decidí “hacerla luego”, que es otra forma de decir “nunca”.
Y al instante sentí alivio. Un alivio delicioso, casi sospechoso.
Como cuando comes chocolate sabiendo que no deberías.

Ese alivio era el problema.
Mi cerebro tomó nota:
“Oye, cada vez que evitemos algo importante, nos vamos a sentir de lujo. Hazlo más.”

Y claro… lo hice más.
Hasta que me di cuenta de que estaba entrenando al enemigo.
El enemigo era yo.

Hijo, grábate esto:
la procrastinación se siente bien al principio porque te vende alivio a corto plazo… pero te roba futuro.
Que no te compre barato.

Te quiero, hijo. Por siempre.
Scroll al inicio