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El otro día estaba en el gimnasio y había un señor ocupando tres máquinas como si el sitio fuese suyo. Toalla allí, botella allá, móvil en la otra… Yo pasé por delante y, por reflejo, le dije: ¿estás montando una exposición? Lo solté sin pensar, a medio camino entre broma y verdad… y él se rió como si fuese un cumplido. Yo ahí entendí dos cosas: una, que a veces la gente oye lo que quiere, y dos, que yo también necesito elegir mejor mis batallas. Hijo, aprende esto: no hace falta meterte en todas las guerras. A veces basta con decir la verdad en un tono suave y dejar que el eco haga su trabajo. Te quiero, hijo. Por siempre.