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El pulgar. El que usamos para decir “OK”. Recuérdate cada día que lo más importante es mantener una actitud positiva. No significa que todo sea perfecto, significa que eliges seguir adelante. El índice. El que señala. Nunca olvides que tienes que tener una dirección. No se trata de correr sin rumbo, sino de saber hacia dónde vas, aunque aún no sepas cómo llegar. El dedo medio. Sí, ese. Te sirve para mandar al carajo a quienes no creen en ti, a los que intentan rebajarte o apagar lo que llevas dentro. No todos merecen tu energía. El anular. El de los compromisos y las promesas. Recuérdate que lo que digas, lo que prometas, te ata. Y un hombre vale tanto como su capacidad de cumplir lo que se compromete a hacer. El meñique. El del tomar el té Es el que te recuerda fijarte en los detalles. Porque lo pequeño sostiene lo grande, y quien descuida lo mínimo, tarde o temprano, pierde lo máximo. Así, hijo, cada vez que mires tu mano, recuerda que tienes contigo un mapa: actitud, dirección, valentía, compromiso y detalle. Con esos cinco, no te perderás. Te quiero hijo. Por siempre.